Felire. 2001. 115p.
Yo diría que el Movimiento Carismático, al que otros llaman Renovación Carismática y aquéllos lo denominan Neo-Pentecostalismo, no es más que el resultado de una inquietud religiosa. Esta inquietud nace en iglesias tradicionalmente seguras de su credo y teología, crece entre sus miembros como una esperanza de cambio de su vida espiritual y pretende renovar las iglesias desde dentro de ellas mismas.
Por lo cual, los partidarios de este movimiento vienen a significarse como un núcleo eclesial inconformista y renovador dentro de iglesias tradicionales como las luteranas, reformadas, bautistas, anglicanas, metodistas…, e incluso la romano-católica.
Por lo general, los carismáticos, en su particular y peculiar manera de entender la comunión eclesial, terminan buscando una fraternidad que proporcione fuerza, seguridad y entusiasmo a una iglesia que, sin perder su identidad, proclame la urgente necesidad del “bautismo del Espíritu Santo”; es decir, la necesidad de que los creyentes busquen y tengan una experiencia espiritual nueva y distinta de la que tuvo lugar en su conversión a Dios.
Así pues, el principal objetivo del Movimiento Carismático es este adoctrinamiento: ‘Todos los cristianos deben tener la experiencia de la infusión del Espíritu Santo’. Lo cual, en el lenguaje carismático, se conoce como ‘segunda bendición’.
